El fraude informático y su incremento durante la pandemia

El Fraude electrónico

La cibercriminalidad es concebida como la serie de actos cometidos en el ciberespacio con el objetivo de obtener un beneficio y/o causar el daño a uno o más individuos, teniendo como resultado víctimas en la planeación, proceso o conclusión del mismo. Venezuela cuenta desde el año (2001) con una Ley Especial contra los Delitos Informáticos la cual previene y sanciona los delitos cometidos contra los sistemas tecnológicos, categorizándolos en cinco clases.
Las penas por estos delitos van desde cinco hasta diez años o más, dependiendo de las circunstancias agravantes y sus consecuencias; Si de números se trata los fraudes electrónicos y las ofertas engañosas son los delitos más cometidos, denunciados e investigados por la División de Delitos Informáticos del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC).

Causa del auge

El coronavirus ha limitado las actividades y concurrencias en colegios, universidades, oficinas, empresas corporativas, y una infinidad de negocios y servicios varios. Los ciudadanos, vertiginosamente ante éste fenómeno del milenio, han comenzado a migrar muchas de las tareas y momentos de ocio a Internet. Pero la delincuencia también ha acelerado y aumentado su radio de impacto, utilizando cada vez más el Internet como el medio más útil para obtener el alevoso fin.
Resulta imperativo conocer las circunstancias de hecho que deben verificarse para que la conducta del sujeto infractor sea valorada como constitutiva de fraude informático, las cuales son:

a) valerse de cualquier manipulación en sistemas o cualquiera de sus componentes, o en la data o información en ellos contenida, y

b) insertar instrucciones falsas o fraudulentas, que produzcan un resultado que permita obtener un provecho injusto en perjuicio ajeno.

Rovira del Canto en su libro “Delincuencia Informática y Fraudes Informáticos” (2002) lo explica como, cualquier acción voluntaria de intervenir o afectar, de forma subrepticia, inautorizada y astuta, elementos o bienes tangibles o intangibles, afectando la información informatizada, los datos o los programas que la representan, las funciones propias de un sistema informático o telemático, con lesión o puesta en grave riesgo o peligro de intereses individuales o colectivos objeto de protección penal.

Phishing

Actualmente y de forma permanente se debe estar muy atento ante la recepción de mensajes sospechosos, ya que se puede tratar de un caso de “phishing”. El phishing es un término informático que denota ingeniería social para adquirir información confidencial de forma fraudulenta. Por lo general el fraude es cometido con el envío de información engañosa, como el hacer creer que el usuario se ha ganado un premio y que para obtenerlo debe ingresar datos personales, como nombres y números de cuentas bancarias.

Distinto pero no distante es el “catfish”, mejor conocido como identidad falsa es la implementación más común de este tipo de fraude que ocurre cuando las personas mienten sobre su identidad en la web con el fin de crear relaciones románticas u obtener beneficios económicos de esto.

Durante la pandemia se hizo viral el fraude “Hola soy María, cambie de número” dirigido por bandas de ciberdelincuentes que se dedicaban a enviar mensajes vía SMS o WhatsApp a usuarios desconocidos a fin de convencerlos de comprar dólares a través de transferencias bancarias.
Debemos advertir que, la impunidad por delitos digitales se incrementa por la falta de la denuncia formal. Mientras los ciudadanos no presenten la denuncia formal, no se puede proceder a perseguir y detener a los ciberdelincuentes, es altamente recomendado aprender a identificar fraudes digitales y en el caso de sospechas de encontrarse inmerso en una estafa digital, conseguir asesoría técnico-legal e interponer las denuncias para que las autoridades procedan a realizar los análisis correspondientes según el tipo de delito; colaborando de ese modo en la disminución de estas tendencias delictivas.

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